Juan Ramón se lo merecía: fue un genio. Juan Ramón Jiménez no fue aquel poeta ensimismado, casi solipsista y poco menos que reaccionario que algunos megaprogres se inventaron para cuadrar sus cuentas políticas. No: Juan Ramón fue el alimento base de toda la Generación del 27, y una de las cimas más altas de la cordillera poética del idioma español.
Las composiciones musicales han sido creadas por Juan Carlos Romero al calor de cada poema, al perfume de cada palabra. La voz y la sabiduría de Carmen Linares aporta su acento, su intensidad interpretativa y su poder de transmisión para poner al día, con jondura, la inmensidad de la obra juanramoniana.
Interpretar a Juan Ramón es bailar con él, responder con el cuerpo al ritmo aletargado en las letras, para darlas vida rebotándola sobre la garganta. El poeta ha cerrado una voz interior, integrando el mundo en su memoria, deteniéndola a la espera de que alguien la demuestre. Interpretar es responder. A la voz que está fuera y viene de dentro.
Cuando esté con las raíces
llámame tú con tu voz.
Me parecerá que entra
temblando la luz del sol.
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